ruggero-chiara-teresaChiara Badano nace a Savona el 29 octubre 1971, vive en un pequeño pueblito en el interior de la Liguria: Sassello.

La mamá María Teresa y el papá Ruggero recuerdan:

“Nos casamos a los 26 años y nuestro deseo más grande era tener hijos, pero tuvimos que esperar once años. Ruggero no concebía el casamiento sin hijos, y cuando se encontraba con amigos que ya los tenían, sufría mucho; pero seguía rezando, también en el camión durante sus largos viajes de negocios. Por enésima vez pidió la gracia en un Santuario de nuestra diócesis, y así fue.
Con su nacimiento advertimos en el alma que Chiara no era solo hija nuestra, ante todo era hija de Dios y, como tal, teníamos que hacerla crecer respetando su libertad. Con su llegada sentimos más fuerte la gracia del sacramento del matrimonio: esta hija completaba nuestra unión y aumentaba el amor entre nosotros.”

Chiara nace en una familia simple. Es hija única y de sus padres recibe una educación cristiana sólida, más en el buen ejemplo y el amor que en prohibiciones y reproches. Tiene una personalidad generosa, extrovertida, dulce y al mismo tiempo decidida.

María Teresa, la mamá, cuenta una pequeña anécdota:

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“Chiara tenía muchos juguetes. Un día, mientras jugaba en su habitación, le digo: «Es cierto, tienes muchos juguetes de verdad…» Y ella responde: «Si». Le propongo entonces de regalar algunos a los niños pobres. Y ella decidida responde: «No, ¡son míos!» Así que volví a la cocina. Pero al rato escucho su vocecita: «Esto sí, esto no, esto sí, esto no…» Curiosa, vuelvo a su habitación: Chiara estaba dividendo los juguetes en dos montones separados, y al final me pide una bolsa de la compra. Se la llevo y ella empieza a llenarla. «Chiara, ¡pero esos son los nuevos!» le digo. Y ella: « ¡A los niños pobres no se pueden regalar juguetes viejos!».

Tenía tan solo cuatro años.

Chiara crece bella y sana, profundamente amada por los padres y en particular por los abuelos maternos, renacidos por este gran gozo.

Alrededor de los nueves años y medio realiza un encuentro fundamental por su vida: conoce el Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich.

Es la primavera del 1981 y Chiara participa con sus padres al Familyfest, un gran encuentro internacional que se organizó al PalaEur de Roma: el descubrimiento de que “Dios nos ama inmensamente” afectará profundamente, no solo las relaciones familiares, sino también las relaciones con sus amigos y compañeros  de clase.

“Empezamos nuestra aventura, con el Evangelio entre las manos haremos cosas poderosas”, escribían Chiara y su amiga Chicca a Chiara Lubich, empezando juntas su camino como gen (la expresión juvenil del Movimiento de los Focolares).

Cada punto de la espiritualidad focolarina se convierte para Chiara en fuente de inspiración: tanto para orientarse en elecciones importantes como para solucionar los pequeños y los grandes problemas de cada día, descubriendo las infinitas maravillas del Evangelio vivido.

Chiara está fascinada por la fraternidad entre los miembros del movimiento, por su universalidad, y por el esfuerzo de su propios miembros en concretizar las enseñanzas Evangélicas.

Chiara-bambina-foto-grandeEscribió algún tiempo más tarde

“Redescubrí el Evangelio… Yo antes no era una cristiana autentica porque no lo vivía hasta el final. No quiero y no puedo quedarme analfabeta de tan extraordinario mensaje. Ahora quiero hacer de este magnífico libro el único fin de mi vida”