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El 25 de septiembre de 2010 es el día de la beatificación. Al santuario romano del “Divino amor” llegan más de veinte mil personas: jóvenes y adultos de más de 70 países de los 5 continentes. Infinitas son las iniciativas que se organizaron en todo el mundo para permitir también a los más lejanos y con menos posibilidades de poder enfrentar los costes del viaje. Una ceremonia simple, pero intensa y conmovedora, seguida en todo el mundo por medio de conexiones internet y televisivas. El rito es presidido por Monseñor Angelo Amato, el prefecto de la “Congregación por las Causas de los Santos”. Todavía recuerda la mamá: “cuando en el santuario vi bajar el velo que cubría la gran imagen de Chiara sentí que en aquel momento Chiara no era sólo hija mía, sino de todos, se convertía en Iglesia”.

Esa misma noche, en la llenísima “Aula Paolo VI” en el Vaticano, un gran evento cierra una jornada extraordinaria; también esta llega a diferentes países gracias al streaming en el web. Con Chiara Luce -Life, Love, Light- es una gran fiesta que, con el lenguaje del teatro, de la música y varios testimonios, comunica el modelo de vida de la nueva joven beata. Pero la inmensa aula no logra contener a todos, y muchos jóvenes tienen que seguir el evento en las pantallas gigantes establecidas en la cercana Plaza de San Pedro.

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Al día siguiente, en la Basílica de San Paolo Fuori le Mura, la misa de agradecimiento por la beatificación es presidida por el Secretario de Estado, cardinal Tarcisio Bertone. El eco que estos eventos producen es de grandeza mundial. Sólo en Italia salen más de 120 artículos, más allá de la difusión en los principales canales televisivos… En todas partes se habla de Chiara Luce, hasta en algunos países musulmanes.

La semana siguiente, durante su visita en Palermo, el Papa Benedicto XVI habla a los jóvenes recordando la beatificación y proponiendo a Chiara y su familia como modelo. “Los invito a conocerla –dice– su vida fue breve, pero es un mensaje bellísimo (…) Diecinueve años llenos de vida, de amor, de fe. Dos años, los últimos, llenos también de dolor, pero siempre en el amor y en la luz, una luz que iluminaba a su alrededor y que venía de dentro: ¡desde su corazón lleno de Dios! ¿Cómo puede ser posible algo así? ¿Cómo puede una chica de 17-18 años vivir un sufrimiento tan grande, humanamente sin esperanza, propagando amor, serenidad, paz, fe? Evidentemente se trata de una gracia de Dios, pero esta gracia también fue preparada y acompañada por la colaboración humana: la colaboración de Chiara misma, por supuesto, pero también la de sus padres y amigos (…) Hoy lo quiero subrayar en modo particular. Los padres y la beata Chiara Badano son testigos del hecho fundamental, que lo explica todo: ¡su hija estaba llena de la luz de Dios! Y esta luz, que se origina por la fe y por el amor, la encendieron ellos primero: el papá y la mamá encendieron en el alma de la hija la llama de la fe, y ayudaron Chiara a tenerla así encendida siempre, también en los momentos difíciles del crecimiento. Y sobre todo en la grande y larga prueba del sufrimiento.