chiara-sul-tettoChiara Luce Badano era sin duda una enamorada de Dios; y el suyo seguramente no fue un amor de adolescencia, sino un amor tan grande y completo que la acompañó durante toda su vida, hasta desear un vestido de esposa para su funeral: para transformarlo en una fiesta del matrimonio con el que ella eligió como su Esposo.

Pero, ¿de qué Dios se enamoró ella? ¿Y cuál era la raíz de su felicidad? En muchos sentidos era la menos deseable y prometedora de todas las divinidades. Era este hombre-dios que un momento antes de exhalar su último aliento, clavado en una cruz palestina, gritaba: “¿Dios mío, porqué me abandonaste?”. Un Dios destinado a permanecer escondido por casi dos milenios, ignorado hasta por los cristianos, tal vez porque ennegrecido por el esplendor de la Resurrección, tal vez porque es demasiado absurdo, incomprensible, paradójico para generaciones de fieles acostumbrados a encontrar en un Dios todopoderoso y triunfante, la respuesta a sus problemas. “Un Dios que nadie quiere”, y que justamente por esto busca a alguien que lo pueda comprender y amar. Esta intuición deslumbrante, nacida en el corazón de Chiara Lubich entre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, se encarnará de manera decisiva –saliendo entonces de los esquemas teológicos– en muchas personas, incluida Chiara Luce Badano, cuando era todavía una niña (la enésima confirmación que para entender ciertas realidades del Cielo, no sirven necesariamente los conocimientos humanos).

Scan_061A dos mil años de distancia, aquel grito angustioso contado por el Evangelio abrió tanto en Chiara Lubich como en la joven Badano horizontes inconcebibles. Aunque hoy tampoco encuentre lugar en las estaciones del Vía Crucis; aunque en tal grito sean expresados y ennoblecidos los infinitos otros que, antes y después del mismo, han marcado la historia humana; sobre todo la de este último siglo, con todas las tragedias, los desastres, y las inquietudes que cruzan los horizontes contemporáneos.

Es un Dios nuevo y moderno el que es generado por aquel grito angustiante y paradójico, que en el absurdo de la Cruz se siente abandonado también por el Padre, y que sin embargo confía todavía en Él. Un Dios que ya no es una respuesta a nuestras angustias, sino más bien una pregunta sin respuesta. Un Dios que con cada probabilidad en este momento no conoce ni logra a imaginar el esplendor de la Resurrección, y que parece hundirse y reflejarse en nuestras mismas desesperaciones. Un Dios en algún sentido agnóstico, reajustado, volcado en su misma esencia, infinitivamente solo, no comprendido, aparentemente quebrado, y podríamos seguir agregando adjetivos negativos: los mismos que, al final – echas las relativas proporciones – todos encontramos a menudo en nosotros mismos. El Abandonado, como lo definía Chiara Lubich, es el Dios del hoy; probablemente el solo todavía plausible en este Presente, tal vez también para los que no poseen el don de la Fe. Un Dios que necesita de doctrinas, dogmas, liturgias, catequesis, o iglesias: porque vive en el corazón de cualquiera que se encuentre a enfrentar sus mismos dramas, sin tener en cuenta de que se tenga o no conciencia de esto.

CsorrideUn Dios que reverbera entre las ruinas de Auschwitz como en los barcos de prófugos que se hundan en el Mediterráneo, en las salas de oncología y en las cárceles, en las favelas
brasileñas y en las africanas. Chiara Badano aprendió de su madre espiritual a reconocerLo en todas partes: en los drogadictos y en los desheredados, en la desesperación de quien no encuentra un trabajo digno, en la tristeza de quien perdió el amor, en la depresión de todas las derrotas (como fracasar en la escuela, para entendernos).

No sabemos hasta qué punto Chiara fuese intelectualmente consciente de esto, pero es cierto que el amor del Abandonado representó la piedra angular de su final existencial. En este misterioso agujero negro trasplantado en el medio de la Historia, Chiara encontró lo suyo: porque ninguna hipótesis religiosa – y aquí hacemos referencia a cualquier religión, hasta el ateísmo – puede aguantar los duros golpes de la realidad y los infinitos dramas de este mundo destruido. Chiara Badano aprendió de su homónima mamá espiritual a reconocer el rostro del Abandonado en cada dolor, aceptándolo con todo el amor posible para transformar el Dolor en Amor. Chiara Luce Badano supo hacer de este amor una realidad vibrante y tangible para todos lo que tuvieron la grande oportunidad de conocerla.